23 de julio 2025. Portman
Amanecimos en la playa de Portmán y, aunque pueda parecer extraño, el sol salió por detrás de nosotras. La explicación es geográfica: estamos en la vertiente sur de un saliente de tierra y la bahía está orientada al oeste. Por eso el día anterior habíamos disfrutado de una puesta de sol espectacular, algo poco habitual en el Mediterráneo.
Decidimos dejar la furgo donde habíamos dormido y subir hacia el Faro de Portmán, siguiendo una ruta marcada en Wikiloc. El trekking nos sorprendió muy gratamente. No solo ofrece vistas impresionantes de los acantilados de la zona, sino que está lleno de pequeños fragmentos de historia. Este enclave ha sido estratégico durante siglos por su posición dominante sobre la costa y su cercanía a Cartagena, uno de los principales puertos militares del Mediterráneo occidental.
El camino discurre además por un pinar bastante cerrado, que hace pensar que incluso en verano debe de ser una caminata agradable. A nivel geológico, el paisaje también es muy llamativo: afloran materiales del complejo de la Sierra Minera de Cartagena-La Unión, con rocas metamórficas y volcánicas muy fracturadas, colores oscuros y rojizos y una erosión intensa. Todo ello refleja una larga historia geológica ligada a procesos tectónicos y, más recientemente, a una intensa actividad minera. Aunque la subida tiene tramos exigentes, la caminata nos encantó; sin duda, la mejor del viaje hasta ese momento.
Se ve muy bien el Mar Menor y la Manga al fondo.
Al bajar, el destrozo ecológico de la bahía de Portmán se aprecia con claridad. Conviene recordar que el nombre no tiene nada de anglosajón: en época romana este puerto era conocido como Portus Magnus (puerto magnífico), del que deriva el topónimo actual. La bahía fue durante siglos un enclave natural de gran valor.
Desde los miradores se distingue perfectamente la población, delimitada por las antiguas balsas donde se lavaban los minerales, y cómo los vertidos mineros fueron colmatando progresivamente la bahía, alejando la línea de costa varios cientos de metros del núcleo urbano. Hoy se observa una gran balsa sellada para evitar que los residuos sigan llegando al mar y una playa artificial con un pequeño puerto deportivo lleno de embarcaciones de ocio, que contrasta fuertemente con la historia reciente del lugar.
Desde Portmán ponemos rumbo a Cartagena, aunque antes nos desviamos hacia Valle de Escombreras para ver de cerca los restos mineros. Impacta comprobar cómo la actividad extractiva transformó completamente el paisaje, haciendo desaparecer montes enteros y dejando enormes cortas, boquetes y montoneras de residuos. Visto con la perspectiva actual y la sensibilidad ambiental de hoy en día, el impacto resulta realmente sobrecogedor.
Cartagena, ya en la ciudad, nos pareció bastante poco atractiva. Industrial, algo degradada y con una sensación general de abandono. Las joyas arquitectónicas que tiene, como el Teatro Romano de Cartagena, aparecen incrustadas en un entramado urbano caótico. El puerto es enorme y eminentemente comercial, con buques de carga y cruceros que hacen escala para que los pasajeros bajen a visitar la ciudad.
Tras un par de paseos por el centro y la compra de algunos dulces, nos vamos a dormir a un área de autocaravanas a las afueras. Las instalaciones son sencillas, pero correctas para el precio que cobran, y nos sirven para cerrar una jornada intensa, cargada de paisaje, historia y reflexiones nada cómodas sobre el impacto humano en el territorio.




















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